El conocimiento que existía en la época de Cristo no se dobló hasta la mitad del Siglo XVIII y hubo que esperar otros 150 años para que el conocimiento volviera a duplicarse. A principios del Siglo XX, el conocimiento tardó cincuenta años en multiplicarse por dos
Con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, el volumen de conocimiento se duplica cada 18 ó 20 meses.Pero si el conocimiento sigue creciendo al ritmo que lo hace en la actualidad, lo que sabemos hoy sólo será el 10% de lo que sabremos dentro de diez años. En un informe reciente, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) afirma que el 90% de los datos acumulados del mundo fueron generados en los dos últimos años.
Dicha acumulación de conocimiento es fruto de la denominada sociedad de la información y del conocimiento, que ha trastocado profundamente nuestra manera de relacionarnos, de vender, crear, trabajar, comprar, divertirnos, viajar, investigar, innovar o producir. Peter Drucker, abogado y tratadista austriaco, fue el primero en acuñar el término “sociedad del conocimiento” en su libro “La era de la discontinuidad”.
Publicado en 1968, avanzó en él que el recurso principal para producir riqueza en nuestro tiempo es el conocimiento. Veintiséis años más tarde, con las tecnologías de la información y de la comunicación en pleno apogeo, ya vaticinó el gran mercado global que es hoy el mundo. Ducker, dejó escrito que las tecnologías de la información y de la comunicación han transformado radicalmente las economías, los mercados, la estructura de la industria, los productos, los servicios y el mercado laboral.
Cuando Ducker trazó este retrato de la sociedad contemporánea, la web 2.0 aún estaba en mantillas y las redes sociales esperaban su turno en los pasillos de la elitista Universidad de Harvard. El pensador austriaco falleció en noviembre de 2005, un año antes del despegue de la red social que Mark Zuckenberg había creado en 2004 para comunicarse con sus compañeros del citado centro universitario, y dos años antes del despegue de Twitter. Porque pese a la twitterización de la sociedad española, la versión en castellano de la red del pajarito, no llegó a nuestras vidas hasta hace tan sólo cinco años.
En 2005, el catalán Alfons Cornellá, creador de la web http://www.infonomia.com/ escribió un artículo sobre la hibridación de talentos y del talento combinatorio como estrategia para innovar. Cornellá,que fue el primero en denominar al exceso de información, infoxicación, es el creador de http://www.co-society.com/, un espacio destinado, según él, a que “los equipos más inteligentes de las mejores empresas del país combinen sus capacidades para generar nuevos proyectos de un modo no accidental, como es frecuente, sino sistemático”.
Cornellá sostiene que la manera de generar energía económica en los próximos años consistirá en mezclar equipos, porque no pueden existir proyectos sin voluntad de transversalidad y que el mundo de los negocios cada vez será más “Co”: co-laborador, cooperativo, co-creativo, co-diseñado o co-responsable.
La suma de todas estas "Co" ha sentado las bases de la economía colaborativa, un poderoso e imparable reclamo, que mueve más de 110.000 millones de dólares en el mundo, según el MIT. Coches compartidos, espacios de coworking, bancos de tiempo, producción en código abierto, emprendimiento social o cultura maker. Todas las tendencias adelantadas por Cornellá se materializaron en mayo del año pasado en Paris, de la mano del Primer Ouishare Fest (plataforma colaborativa).
Dicho evento se convirtió en el mejor escaparate de economía colaborativa del mundo. Curiosamente, después de la francesa, la representación más numerosa fue la española.
Entre otras cuestiones, el movimiento Co ha sido posible gracias al desarrollo de la web 2.0. Tim O´Reilly, también educado en Harvard, fue el primero en hablar e la web 2.0. En 2004, un año antes del fallecimiento de Ducker, avanzó que su principal característica era su "arquitectura participativa".
Probablemente, si Ducker hubiera tenido una vida más larga, le hubiera dado tiempo a teorizar acerca de esta nueva sociedad interconectada, colectiva, participativa y colaborativa en la que estamos instalados. Podría decirse que las redes sociales, además de las grandes metáforas de internet y del 2.0, son el símbolo más representativo del vendaval de conocimiento e información que nos invade.
Como en una simbiosis perfecta, las redes sociales se alimentan del saber acumulado por la sociedad de la información y del conocimiento. Procesan lo que comen, lo vomitan y nos lo devuelven compartido, creando círculos concéntricos de conocimiento, colaboración, participación y producción cada vez más grandes.
De ahí, que las grandes corporaciones cada vez se preocupen de introducir en sus plantillas perfiles de profesionales relacionados con el movimiento maker o que financien y den cobertura todo tipo eventos vinculados a la cultura “CO”. Imaginan un gran escenario “CO”, donde los equipos más inteligentes de las mejores empresas del mundo combinen sus capacidades con el fin de generar nuevos proyectos de un modo no accidental, como es frecuente, sino sistemático”. Sin duda, utópico, pero no irreal. Emprender a lo grande se escribe con “CO”.

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