Mostrando entradas con la etiqueta colaborativo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta colaborativo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de marzo de 2016

Transformémonos todos en la lucha digital



Transformación digital. Bajo estas dos palabras se articulan los nuevos discursos de la sociedad del cambio en la que vivimos instalados desde hace unos años. Bajo el paraguas de estas ocho silabas se esconde un caos controlado por redes de personas unidas por el talento, la creatividad y el idioma del mundo actual: el software.El software, que fue inventado por el hombre para controlar a las máquinas, se ha convertido en una importante fuente de riqueza, pero también en una gran amenaza para industrias centenarias, como la banca, el transporte, el periodismo, el turismo o la cultura. El principal peligro de la industria del software es su capacidad de atacar con bajas inversiones toda la cadena de valor de sectores centenarios.Bajo el paraguas de la transformación digital se cobijan las ya denominadas tecnologías disruptivas, como el internet de las cosas, el Big data, la robótica, la impresión 3D, la realidad virtual o el blockchain. Para dar respuesta a la aplicación de dichas tecnologías, las empresas tradicionales del sector tecnológico también están emprendiendo su propia revolución interior. Es la manera que tienen de guarecerse de las redes de innovación y conocimiento colaborativo surgidas al margen de las estructuras empresariales y al calor de la red.Muchas de estas nuevas comunidades de “hacedores digitales”, auspiciadas y organizadas desde importantes organizaciones universitarias, como el MIT (http://web.mit.edu/), han resquebrajado la imagen de las grandes compañías y multinacionales como creadoras absolutas de las grandes innovaciones tecnológicas. Hoy, gracias a la red de espacios maker repartidos por todo el planeta, las paredes de las áreas de innovación de las empresas se levantan en los confines del mundoAl hilo de esta nueva realidad, Microsoft organizó esta mañana un desayuno para analizar cómo afectará la transformación digital a un  sector tan tradicional como el energético. Los participantes representaban a las principales compañías del sector en España: Endesa, Iberdrola, Cepsa, Gas Natural Fenosa o Acciona. Todos ellos coincidieron en señalar que sus compañías están haciendo los deberes para pasar de un perfil tradicional a otro digital. En este sentido, todos apuntaron a la práctica de la innovación abierta y a situar al cliente en el centro del negocio, incluso, haciéndole partícipe de él. Así lo señalo el director de Canales Digitales y Experiencia del Cliente de Endesa, Jorge Sánchez Mayoral.Mayoral aludió al nuevo consumidor, al denominado “prosumidor”, que consume y produce y que ya fue anticipado por Alvin Tofler en su obra “La Tercera Ola”.  En este sentido, Mayoral precisó que su compañía ya cuenta con las tarifas One o Tempo, orientadas a estos nuevos perfiles de consumidores.   Iñigo Alonso, director comercial de Iberdrola, explicó que su empresa está introduciendo la transformación en toda la cadena de valor de la empresa para satisfacer al cliente. Consciente del poder del cliente para imponer sus decisiones, explicó que su compañía ya le ofrece bloques de consumo de electricidad verde  y que trabaja en colaboración con él en asuntos de autoconsumo y planes a medida.Joaquín Reyes, director de Sistemas de Información de Cepsa, dio por finiquitadas las economías de escala antiguas y subrayó que las economías de escala que amenazan a las compañías tradicionales están en la red y en la economía colaborativa. Reyes explicó que la transformación digital de su compañía pasa también por una nueva concepción del puesto de trabajo, en el que se potencia la productividad, se redefine el espacio de trabajo, se suprime el papel, se pone fin a los controles de presencia y se establecen políticas flexibles y de conciliación. El directivo de Cepsa también indicó que su compañía ya utiliza herramientas de Big data e internet de las cosas.Para el director de Mercado Residencial de Gas Natural Fenosa, Carlos Escolíes Miró, la transformación digital será fundamental para seducir y retener a los clientes, a quienes colocó en el foco principal del negocio, por su capacidad de elegir el qué, el cómo y el cuándo lo quieren.      Para conocer el estado de la transformación digital de las empresas, el director corporativo de Tecnología de la Información y Comunicación de Acciona, José María Tavera, propuso la creación de un gobierno de la tecnología, que permita medir y detectar el estado de cambio de las organizaciones, con el fin de conseguir los mayores beneficios posibles.           Del lado de las tecnologías, Pilar López, presidenta de Microsoft, presentó a las empresas tecnológicas como las alidadas perfectas para reinventar la relación con los consumidores de energía y propiciar un cambio de cultura en las empresas del sector

jueves, 15 de enero de 2015

Emprender a lo grande empieza por "CO"

El conocimiento que existía en la época de Cristo no se dobló hasta la mitad del Siglo XVIII y hubo que esperar otros 150 años para que el conocimiento volviera a duplicarse. A principios del Siglo XX, el conocimiento tardó cincuenta años en multiplicarse por dos

Con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, el volumen de conocimiento se duplica cada 18 ó 20 meses.
Pero  si el conocimiento sigue creciendo al ritmo que lo hace en la actualidad, lo que sabemos hoy sólo será el 10% de lo que sabremos dentro de diez años. En un informe reciente, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)  afirma que el 90% de los datos acumulados del mundo fueron generados en los dos últimos años.
Dicha acumulación de conocimiento es fruto de la denominada sociedad de la información y del conocimiento, que ha trastocado profundamente nuestra manera de relacionarnos, de vender, crear, trabajar, comprar, divertirnos, viajar, investigar, innovar o producir. Peter Drucker, abogado y tratadista austriaco, fue el primero en acuñar el término “sociedad del conocimiento” en su libro “La era de la discontinuidad”.
Publicado en 1968, avanzó en él que el recurso principal para producir riqueza en nuestro tiempo es el conocimiento. Veintiséis años más tarde, con las tecnologías de la información y de la comunicación en pleno apogeo, ya vaticinó el gran mercado global que es hoy el mundo. Ducker, dejó escrito que las tecnologías de la información y de la comunicación han transformado radicalmente las economías, los mercados, la estructura de la industria, los productos, los servicios y el mercado laboral.
Cuando Ducker trazó este retrato de la sociedad contemporánea, la web 2.0 aún estaba en mantillas y las redes sociales esperaban su turno en los pasillos de la elitista Universidad de Harvard. El pensador austriaco falleció en noviembre de 2005, un año antes del despegue de la red social que Mark Zuckenberg había creado en 2004 para comunicarse con sus compañeros del citado centro universitario, y dos años antes del despegue de Twitter. Porque pese a la twitterización de la sociedad española, la versión en castellano de la red del pajarito, no llegó a nuestras vidas hasta hace tan sólo cinco años.
En 2005, el catalán Alfons Cornellá, creador de la web http://www.infonomia.com/ escribió un artículo sobre la hibridación de talentos y del talento combinatorio como estrategia para innovar. Cornellá,que fue el primero en denominar al exceso de información, infoxicación, es el creador de http://www.co-society.com/, un espacio destinado, según él, a que “los equipos más inteligentes de las mejores empresas del país combinen sus capacidades para generar nuevos proyectos de un modo no accidental, como es frecuente, sino sistemático”.
Cornellá sostiene que la manera de generar energía económica en los próximos años consistirá en mezclar equipos, porque no pueden existir proyectos sin voluntad de transversalidad y que el mundo de los negocios cada vez será más “Co”: co-laborador, cooperativo, co-creativo, co-diseñado o co-responsable.
La suma de todas estas "Co" ha sentado las bases de la economía colaborativa, un poderoso e imparable reclamo, que mueve más de 110.000 millones de dólares en el mundo, según el MIT. Coches compartidos, espacios de coworking, bancos de tiempo, producción en código abierto, emprendimiento social o cultura maker. Todas las tendencias adelantadas por Cornellá se materializaron en mayo del año pasado en Paris, de la mano del Primer Ouishare Fest (plataforma colaborativa).
Dicho evento se convirtió en el mejor escaparate de economía colaborativa del mundo. Curiosamente, después de la francesa, la representación más numerosa fue la española.
Entre otras cuestiones, el movimiento Co ha sido posible gracias al desarrollo de la web 2.0.  Tim O´Reilly, también educado en Harvard, fue el primero en hablar e la web 2.0. En 2004, un año antes del fallecimiento de Ducker,  avanzó que su principal característica era su "arquitectura participativa".
Probablemente, si Ducker hubiera tenido una vida más larga, le hubiera dado tiempo a teorizar acerca de esta nueva sociedad interconectada, colectiva, participativa y colaborativa en la que estamos instalados. Podría decirse que las redes sociales, además de las grandes metáforas de internet y del 2.0, son el símbolo más representativo del vendaval de conocimiento e información que nos invade.
Como en una simbiosis perfecta, las redes sociales se alimentan del saber acumulado por la sociedad de la información y del conocimiento. Procesan lo que comen, lo vomitan y nos lo devuelven compartido, creando círculos concéntricos de conocimiento, colaboración, participación y producción cada vez más grandes.
De ahí, que las grandes corporaciones cada vez se preocupen de introducir en sus plantillas perfiles de profesionales relacionados con el movimiento maker o que financien y den cobertura todo tipo eventos vinculados a la cultura “CO”. Imaginan un gran escenario “CO”, donde  los equipos más inteligentes de las mejores empresas del mundo combinen sus capacidades con el fin de generar nuevos proyectos de un modo no accidental, como es frecuente, sino sistemático”. Sin duda, utópico, pero no irreal. Emprender a lo grande se escribe con “CO”.